marzo 23

Mentalidad atractiva: Cómo es y cómo desarrollarla

Artículo, Mentalidad

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Mentalidad AtractorQué es y cómo ser un Atractor

Lo bonito del concepto Atractor es que tú también puedes llegar a serlo —de hecho, lo eres en potencia.

atractorPuede que no te sientas un hombre atractivo o que pienses que nunca podrás llegar a ser como ese actor famoso que tanto la «lía parda» con el corazón de las mujeres. Y te doy toda la razón: nunca vas a poder ser él.

Es más, ahí es donde puede que radicaque tu problema: querer ser alguien que no eres tú.

¡Ojo! No me malinterpretes. La persona que eres ahora, la que lee estas palabras, no es tu YO eterno. Debes saber, como curiosidad, que dentro de, aproximadamente, 7 años, todas y cada una de tus células serán nuevas, por lo que «no serás el mismo completamente».

¿Qué quiero decir con esto? Que la mejor versión de ti mismo ahora, no es la misma que mañana y que, tener referentes de inspiración no sólo es super sano, sino recomendable.

¡Eso sí! No confundas inspiración con comparación. Más que nada porque nunca vas a poder ser «otro». Lo que sí que vas a poder hacer es aprender de ellos cosas que puedas incorporar a tu vida, a tu personalidad y hacerla, cada vez, una experiencia superior.

Por eso quiero compartir contigo la mentalidad atractiva que liberarán tu atractivo masculino hasta hacerte irresistible.

Nota: En un principio iba a compartir la mentalidad y los actos, pero se estaba haciendo tan largo que he decidido dividirlo en dos artículos. Disfruta de éste y la semana que viene lo completamos.

#1 Mentalidad atractiva

Juega

Sé que puede sonarte a «topicazo» la frase que voy a decirte, pero a mí siempre me ha funcionado:juega tus cartas: atractor

Tómate la vida como un juego: En lugar de quejarte de la mano que tiene el de al lado, aprende a jugar con las cartas que a ti te han tocado.

¡Ojo! No tienes por qué hacerme caso. Tuya es la decisión de tomarte tu vida como prefieras. Hay quien dice:

Tómate la vida en serio, como si tu vida dependiera de ello, porque depende de ello.

Y estoy totalmente de acuerdo… pero hay algo que matizar: tomarte algo en serio no tiene por qué significar que te lo tomes con «amargura».

La seriedad implica que seas «responsable» de tus actos. Y, para mí, un acto de responsabilidad es «saber disfrutar de tu vida».

Así que, no caigas en el error de pensar que seriedad y disfrute son antónimos ya que, por ejemplo, todos los humoristas de prestigio se toman sus actuaciones muy en serio. Y para ellos es un tema MUY SERIO —de vida o muerte— hacerte «morir de risa». 😀

Aclarado esto, un Atractor juega con la vida en todas sus variantes. Es decir, aprende cómo disfrutar de cada proceso por el que tiene que pasar.

Pero centrándonos en la temática que nos ocupa —atraer mujeres— vamos a centrarnos en 2 fases del juego:

#1 corto plazo.

Sin juego no hay vida.

Sí, lo sé. Por norma general, nosotros somos más de «aquí te pillo, aquí te mato». Ellas no.

Ellas disfrutan «endiabladamene» con el cortejo  —además de que lo necesitan ya que, evolutivamente hablando, es su forma de confirmar que eres un hombre adecuado.

Por eso van a ponerte a prueba consciente e inconscientemente: para «sentir» de qué pasta estás hecho.

Así que, por si todavía no te ha quedado claro: JUGAR ES UNA OBLIGACIÓN.

Si quieres «triunfar en algo en la vida» aprende a disfrutar del proceso, aprende a disfrutar de crearlo.

En resumidas, sin juego… la vida no tiene sentido.

Pero, ¿qué juego jugamos?

No te preocupes, en menos que «canta un gallo» ella te hará saber las reglas de «su juego». No necesariamente con palabras llanas —más bien en venusiano: de forma indirecta—, pero pronto empezarás a ser consciente de que ella va «delimitando» el terreno y poniéndote límites y trabas —estableciendo el marco de la interacción.

Yo te propongo otra cosa:

¿Por qué en lugar de esperar a que te pongan a prueba, muestras experiencia y eres tú el que roba el marco poniéndote a ti en la posición de poder?

Te explico:

Conforme más experiencia adquieres te vas dando cuenta de que hay «patrones» que se repiten continuamente. Por ejemplo:

  • Nunca va a haber sexo antes de la 3ª cita —y nada asegura que lo haya en ningún caso.
  • Nunca va a llevar ella la iniciativa —necesita sentir cómo te manejas.
  • Ella espera a que él invite —una vez más, quiere saber de qué recursos dispones (personalidad, economía, mentalidad…)
  • Etc.

Éstas son expectativas que ella tiene y que «da por sentadas»  —socialmente aceptadas—. Pero… ¿acaso son ley?

Si eres consciente de esas convenciones «silenciosas» puedes empezar a ser tú el que las defina de forma distinta desde el principio «imponiendo tu marco» y creando unos resultados muy distintos a los «convencionales».

Porque… ¿quién te asegura que siguiendo todos los «aros» que ella te pone, va a suceder algo entre los dos?

¡Nadie! En especial ella.

En tus propios términos tampoco te lo puedo asegurar yo pero, desde luego, disfrutarás más de la interacción y… posiblemente, de mejores resultados —eso ya va a depender de tu calibraje basado en tu experiencia.

#2 Largo plazo:

Existe una enorme diferencia entre el juego «del principio» y el juego «a largo plazo».

De la misma manera que al adquirir más destreza en un juego, buscas nuevas formas de estímulo —ya sea mayor dificultad, mayor disfrute de la historia, nuevas formas de estímulo, etc.—, en la atracción sucede lo mismo.

Mantenerse en un estado de «eterna juventud» por demasiado tiempo agota a cualquiera —por lo menos a mí y a muchas de las personas que me rodean.

Por lo tanto, si lo que queremos es «mantener ese juego primario» indefinidamente, deberemos tener en cuenta dos factores muy importantes:

  • Ella:

Hay mujeres que, una vez consumado el flirteo, necesitan seguir con ese juego ad eternum. Normalmente son mujeres que requieren altas cantidades de tensión e incertidumbre «extras» en sus vidas ya que, probablemente, no saben que lo que las llena realmente está en su interior.

Por otro lado, las hay que, después del sexo, necesitan sentir que la relación es menos «montaña rusa emocional» y que ésta se estabiliza un poco.

Son dos caras de la misma moneda, aunque en ningún caso el «juego» va a desaparecer por completo, sencillamente va a ser más ligero o más intenso.

  • El otro factor —y más importante— eres tú:

Personalmente me encanta el «juego previo» donde normalmente es bastante intenso y cada «movimiento» juega un papel determinante.

Sin embargo, una vez la relación ha atravesado cierto nivel —en mi caso personal es a partir de las 3 relaciones sexuales— si la mujer necesita tanta tensión emocional como al principio, personalmente, me retiro.

Para mí es un síntoma de inmadurez o de exceso de necesidad y esto, indudablemente, te va a quitar mucha energía para otras cosas importantes: como es tu vida.

Energía sólo hay una. Cada día se renueva, pero si constantemente la usas en cosas que no te hacen crecer… menguarás.

¿Quieres eso? ¿Te sientes enganchado por una mujer así? Entonces no estás siendo congruente con un Atractor y acabarás «en la cuneta».

Algunas formas de juego que practica un Atractor

Dale y priva

Básicamente se trata de hacerle sentir que le estás dando algo para arrebatárselo en el último instante.

Por ejemplo le escribes:

Tú: —¿Cómo está la cosa más bonita?
Ella: —Bien, gracias. 🙂
Tú: —Me alegra saberlo. ¿Y cómo estás tú?
Ella: —¡Ala! Ya te vale, jajajaja

Ponla a prueba

No te preocupes: ELLA LO VA A HACER. Si quieres jugar de igual a igual, tú también debes mostrarle tus expectativas sobre ella.

Se trata, ni más ni menos, que de —subliminalmente— hacerle saber qué esperas de ella. Si ella se cualifica —es decir, trata de entrar dentro de tus estándares—, la premiarás con tus palabras y/o tus actos. Si ella se ofende o no colabora… expresarás un ápice de desilusión reforzado con un gran apoyo y optimismo hacia ella.

Ejemplo:

Tú: —Este finde tengo una peli que te va a encantar.
Ella: —¡Qué bien! Me apetece mucho ir al cine.
Tú: —A mí no… Por eso la veremos en casa.
Ella: —Me encantaría, pero no quiero pasar un sábado encerrada.
Tú: —¿Me tienes miedo?
Ella: —Hombre, a penas nos conocemos.
Tú: —Tienes razón. Y una peli quizás no nos permitirá conocernos.
Ella: —;)
Tú: —Muy bien, entonces tráete algo para complementar la cena. Podremos hablar más tranquilos.
Ella: —… Vas un poco rápido, ¿no?
Tú: —No me malinterpretes, pero cuando quiero algo, me gusta ir a por ello.
Ella: —Ya, pero yo no quiero eso.
Tú: —¿El qué? ¿Conocernos?
Ella: —Sí, eso sí…
Tú: —¡Pues no seas malpensada! jajaja. Tranquila, no pasará nada que tú no quieras.
Ella: —Miedo me das…
Tú: —Estoy sorprendido.
Ella: —¿Por?
Tú: — Te hacía más valiente.
Ella: —Y lo soy, sólo que me había imaginado otra cosa.
Tú: —Pues no se hable más. Te recojo a las 19h. Será ensaladita y lubina al horno. ¿Qué vas a traer tú?

Cuestiona su valía

Una forma un tanto más delicada de ponerla a prueba es cuestionando su poder. Como mujer, ella se visualiza con la sartén por el mango —por lo menos hasta que os acostáis— sin embargo, eso no es así a menos que tú «lo des por sentado».

Digo que este juego es más delicado porque, a este nivel, puedes estar minando su autoestima. Esto se debe a que entramos a un nivel más personal y éste se nos puede ir de las manos.

Por eso es importante cuestionar su poder —el que ella cree que tiene— y no su persona. Para ello cerraremos la «puesta a prueba» aportándole opciones para que pueda superarse y «consiga estar a la altura» de las circunstancias —tus expectativas.

Ejemplo:

Tú: —Este finde voy a hacer senderismo. ¿Te apuntas?
Ella: —¡Qué va! Tengo que estudiar.
Tú: —¿Tienes examen el lunes?
Ella: —No, es dentro de un mes, pero soy una chica muy aplicada.
Tú: —Eso, o que no sabes divertirte. 😉
Ella: —¡¿Cómo?!
Tú: —Tranquila, por suerte me has conocido y yo podré enseñarte a disfrutar de los pequeños placeres de la vida… si realmente quieres aprender.
Ella: —Menudo peligro tienes.
Tú: —¡¿Quién te lo ha chivado que me lo cargo?!
Ella: —Jajajaja
Tú: —Avísame cuando estés lista para sacarle el jugo a la vida. 😉

Halza sentir, no pensar

Los hombres nos empeñamos en razonar y en «ganar las discusiones» con palabras.

Si tratas de convencer a una mujer de que se acueste contigo cuando te dice que «no le gustas» o «no te conoce todavía» o «cualquier cosa»… ¿Qué vas a conseguir?

  1. No vas a ganar ninguna discusión.
  2. Vas a estar dando protagonismo al tema que precisamente quieres «disolver»: Que ella no quiere acostarse contigo.

Seguro que en alguna ocasión has oído decir a una mujer que jamás haría algo y poco después descubrir que lo ha hecho.

Por ejemplo:

Ella: —Voy a ver a mi ex.
Amiga: —¿Te lo vas a tirar?
Ella: —Ni de coña. Sólo vamos a hablar de «patatín».
Amiga: —Te veo convencida. Me alegra saber que lo has superado…
Ella: —Por supuesto, es agua pasada.

Después de estar con su ex.

Amiga: —¿Cómo fue?
Ella: —…
Amiga: —¡¿Te lo tiraste?!
Ella: —Es que… Yo pensaba que…
Amiga: —Ya… ¡¿Pensabas tú o pensaba tu vagina?!

En última instancia son las emociones —y el instinto— los que tienen más poder en nuestras decisiones. Por eso acabamos comprando esa tele de plasma aunque no tengamos dinero para pagarla o nos comemos esa tableta de chocolate precisamente por la privación que nos supone el régimen tan restrictivo que seguimos.

Por lo tanto, céntrate en cambiar su emoción, en hacerla sentir. No en hacerla razonar.

Escucha con criterio

Ella tiene dos formas de comunicarse:

  • Comunicación consciente:

Gracias a lo que dice podrás descubrir:

  • Qué le pone.
  • Qué no le pone.
  • Cosas que le apasionan.
  • Cosas que le gustan.
  • Lo que le molestan.
  • Lo que odia.
  • Etc.

Es importante prestar atención a esta información. Pero… Siendo conscientes de que sólo es una parte.

  • Comunicación inconsciente:

Lo que te dice es importante, pero probablemente te estás perdiendo la mitad de la información —si no más, porque puede estar «mintiendo».

¿No te ha pasado a ti que digas que algo no te gusta o no quieres hacerlo pero no paras de hacerlo aún cuando sabes que no deberías?

El ejemplo más típico es adelgazar:

Pongamos que estás un poco «gordito» y que te gustaría estar fibrado y sano. Me apuesto lo que quieras a que sabes qué dietas seguir, qué ejercicios hacer y cuándo y cómo ponerlos en práctica.

Simplificando, seguro que sabes que no debes comer «comida basura». Y, sin embargo, «no puedes resistir la tentación».

Bien, esta diferencia entre «lo que quieres» —adelgazar— y «lo que haces» —comer mal— me está dando una información totalmente enfrentada con respecto a lo que tus palabras dicen con «aparente» convicción absoluta.

¿De qué tengo que fiarme? De tus actos.

Lo que quiero que se entienda con este ejemplo es que escuches sus palabras Y SUS ACTOS.

Si no hace más que quejarse de que todos sus ex le hacían «a» ó «b» y que no le gustaba nada… ¿Cómo es que siempre acaba «atrayendo» a chicos con esa misma conducta?

Ten presente que «esa conducta» te puede facilitar las cosas. En lugar de no hacerla para «desmarcarte».

Pongamos que dice: —Lo que menos me gusta de mi ex es que pasaba mucho tiempo con sus amigos y poco conmigo. Sólo 3 días a la semana. Me gustaría un hombre que estuviese más pendiente de mí.

¿Seguro que eso le gustaría?

Podría ser. Con una frase no es suficiente para sacar conclusiones, pero imaginemos que es un patrón que se repite. Pongamos que tiene unos cuantos amigos que ella considera como «hermanos» y que siempre están muy pendientes de ella.

¿Podría ser que en el momento en el que estás «a su merced» pierde interés hacia ti?

Por el contrario, ¿cuando le prestas la atención «mínima necesaria» ella siente la necesidad de estar más tiempo contigo y te valora más por tu ausencia?

No lo sé. Es una suposición con la que yo mismo me he encontrado. Lo que quiero dejar claro es que «escuchar» es algo más usar los oídos para las palabras, es utilizar tus sentidos para contrastar los «hechos», la congruencia.

Incentiva que ella tome la iniciativa

El rol convencional dice que eres tú el que tiene que «hacerlo todo».

Lo cierto es que «algo hay que hacer»: de la nada no sale nada.

Pero hay dos cosas que puedes hacer:

  1. Hacerlo tú todo.
  2. Permitir que ella colabore e, incluso, tome la iniciativa.

Yo abogo por esta segunda.

En lugar de invitarla a tomar algo, ¿por qué no «aceptar una auto-invitación»?

Por ejemplo:

Tú: —¿De dónde eres?
Ella: —Del barrio «blabla».
Tú: —¿Y qué hay allí interesante para comer?
Ella: —Pues está el restaurante «mola mucho» donde hacen un gazpacho espectacular.
Tú: —De acuerdo, me has convencido. ¿Cuándo me invitas a ese gazpacho?
Ella: —¡¿Cómo?! ¡¿Invitarte yo?! ¡Tendría que ser al revés!
Tú: —¡Claro! Si después de invitarme a ese gazpacho, es tan bueno como me lo vendes, prometo compensarte.
Ella: —¡Qué morro!
Tú: —Sólo espero que no me defraude ese gazpacho. 😉

Básicamente, te invito a que encuentres fórmulas para incentivar su iniciativa. En lugar de matarte a pensar qué puedes hacer por ella, mátate un poco pensando qué puede hacer ella «por los dos».

Lamentándolo mucho —y como dije al principio—, éste artículo se me «ha ido de las manos» por lo que lo vamos a pausar aquí.

Pensaba aportarte tanto la Mentalidad como los Actos de un Atractor… pero creo que los actos darán para otro potente artículo la semana que viene.

Por ahora, nos quedamos con haber visto en profundidad la Mentalidad de un Atractor.

Hasta entonces, ¿se te ocurre algún otro juego más a implementar para un mayor enriquecimiento mental?

Estoy deseando ver tus aportaciones… ¡Mucho ánimo, más energía y que tomes excelentes decisiones!

About the author 

Ray Havana

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  1. muy muy buen articulo, me encantan los conocimientos dados y los ejemplos completan toda la información y personalmente me ayudan a hacer ese «click» para «pillarlo» bien. Estoy seguro que la segunda parte va a ser igual o mejor 😉

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