Sobre mí

¿Quién es Ray Havana?

«La mejor versión —Álter Ego— de un joven que por 2005 se encontraba perdido en su, por entonces, pequeño mundo —videojuegos, internet, parties y frikezas varias— que irrumpe enérgicamente en busca de respuestas a cerca de su rol como hombre.»

World Cyber Games 2001

Probablemente me hayas visto ya en alguna conferencia, seminario…

RayHavanaConferencias

 

Quizá en algún taller…

RayHavanaTalleres

 

Tal vez en algún vídeo…

O si eres tan friqui como para ver programas de dudosa recomendación…

 

Quizá te haya gustado mi contenido, mi cercanía o quizá sólo te haya llamado la atención. O puede que no sepas cómo demonios has llegado hasta aquí, pero aquí estás.

Sea cómo sea, si todavía estás leyendo esto cierta curiosidad no te falta, así que voy a compartir contigo mi historia… si me permites, claro.

Como habrás leído anteriormente, rondaba el verano de 2005 en España.

Por aquel entonces ya llevaba cerca de 4 años escondiéndome del mundo femenino sumido en el apasionante, y no menos friki, mundo de los videojuegos. Allí me encontraba seguro y muy a gusto, ya que el contacto con féminas era ínfimo.

Tras aquella última frustrante experiencia con «L» —cuatro años atrás— quise alejarme de ellas para siempre.

Recuerdo que había sustituido el ‘calor femenino’ por el ‘frío cibernético’. Así, a mi Pentium III 700MHz, lo llamaba «mi novia cibernética». Juntos pasábamos CNXT0018diciembre2002largas horas —día y noche— sumidos en nuestra pasión: «Quake III Arena». Bien a través de mi maravillosa conexión a internet —ONO de 300kbps—, bien viajando por España a diversos torneos donde me encontraba con mis, también, «frikiciberamigos quakeros» —Huelva, Madrid, Granada, Córdoba, Barcelona, Valencia, etc.—. Llegó a tanto mi ‘obsesión’ que me recuerdo, en alguna ocasión, disputando algún campeonato ‘quakero’ en el extranjero —me quedo con el recuerdo del torneo para conseguir una «autoberth» a Holanda en París.

Fueron años —desde 2001— donde progresivamente me fui abandonando hasta hacerlo por completo y, en lugar de coger la vida por las riendas, disfrazarme de avestruz.

Pero la naturaleza me tenía algo reservado. Y fue en el verano de 2005 cuando mis genes me dieron un toque de atención. Básicamente pasó a ser imposible obviar los encantos femeninos…

¡Qué mal lo pasé ese verano!

Por suerte mi cerebro me recordó que conocía a alguien que, quizás, podía ayudarme: Mario Luna.

Sólo disponía de su mail así que… hice uso de él.

CNXT0028diciembre2002Tras un par de intercambios ‘emailísticos’ recuerdo que quedamos una tarde de ese mismo verano donde yo podría empaparme de ¡¿seducción?!

Si ahora te suena raro imagínate a mí en esa época. Era pura ciencia ficción. Pero… si alguien era capaz, ése era Mario Luna.

Fui a su casa, estaba nervioso. Hacía años que no sabía de él y tenía mucha curiosidad por lo que podía descubrir y aprender.

Recuerdo que yo iba con mi indumentaria habitual —chándal y camiseta naranja— y él vestía con camisa, vaqueros y zapatos —muy elegante—. Entonces no le daba importancia, pero el contraste que debíamos hacer me da vergüenza, no ajena, pensarlo ahora —jajajaja.

Caminamos mientras hablábamos de nuestras aventuras pasadas. Yo de mis torneos de Quake y él de Inglaterra, Ibiza y Formentera.

Llegamos a un parque y nos sentamos. Yo tenía muchas ganas de hablar de ‘seducción’ —en uno de sus mails me había enviado algún escrito al respecto pero PHTO0016diciembre2003muy vago, un auténtico «dale y priva»— pero me sabía mal interrumpir así la conversación tan entrañable que estábamos teniendo. Había tiempo por delante, así que tuve paciencia. Pasaron los minutos y llegó un momento en el que me di cuenta de algo: estaba entrevistándome en busca de más conocimiento. Fue entonces cuando decidí ir al grano y ser direccional.

—Bueno, Mario, cuéntame un poco sobre tus conclusiones en la ¿seducción?— acabé la frase con cierto aire irónico.

Pero me encontré con uno de los momentos más tensos de mi vida —el más tenso hasta aquella fecha.

Mario miró hacia su izquierda y dijo:

—¿Cómo harías para empezar una conversación con aquellas dos chicas?
—¿Estás loco, tío? Estarán estudiando. ¡No podemos molestarlas! —Me empecé a sentir violento.
—Pero… ¿Cómo piensas que podríamos hacerlo?
—¡Imposible!

Hacía poco que había aparecido una pandilla de adolescentes con las hormonas tan alteradas como las mías y su forma de llamar la atención era tirarse un balón de un lado al otro encontrándonos nosotros en medio de un inoportuno balonazo.

Entonces Mario, sencillamente, se dirigió hacia ella y les preguntó acerca de lo que estaban haciendo. Recuerdo que me cagué en los pantalones y sentí una inmensa vergüenza ajena hacia lo que estaba sucediendo. —¡Tierra trágame!— gritaba mi MIA interior.

Pero… Estaban jugando a un juego de apuntar palabras en la libreta y Mario, con total naturalidad, consiguió que nos uniéramos los cuatro.

Unos minutos después de empezar a jugar, Mario aprovechó un momento de intimidad visual entre él y yo para guiñarme un ojo queriéndome remarcar algo. Yo no lo entendí hasta que…

—Yo no sé lo guapas que estaréis con un balonazo en la cara pero a mí sé que no me queda bien, ¿qué tal si nos mudamos a aquel rincón?

Así que con toda la naturalidad del mundo, Mario consiguió que nos deshiciéramos del exceso de testosterona imperante. Bien falcados y aisladitos continuamos con el juego… —¿de la seducción?

Llevábamos cerca de dos horas jugando a apuntar palabras en la libreta —¿y seduciendo?— cuando decidimos separarnos de ellas con la excusa de hacer un pis.

—¿Y bien?
—Pues la verdad es que estoy flipando. No me esperaba que respondiesen tan bien.
—¿Crees que hay algo que podamos ‘mejorar’?
—¡Claro! Sólo hemos estado jugando. No sabemos nada de ellas, ni ellas de nosotros.

Mario asintió con la cabeza y no dijo nada. Regresamos y empezó a personalizar. El juego de ir apuntando palabritas quedó relegado al olvido y, poco a poco, nos fuimos conociendo.

Llegó la noche y, con ella, la hora de despedirnos. Había habido mucho feeling así que tocaba ‘cerrar con teléfono’. Mario hizo sus deberes pero yo evité la situación.

Por aquel entonces mi máxima era: «Evitando la ocasión se evita el peligro.»

PartyValverde-Diciembre2004Sabía que ella no daría el paso…

—Me lo he pasado muy bien.
—Sí, ha sido un placer, gracias por todo— y le di dos besos.
—…— Ella sonrió como esperando algo.
—…— Yo hice caso a mi máxima y ‘me hice el sueco’.
—Solemos venir a menudo por aquí— volvió a insistir.
—…— Asentí con la cabeza.
—A ver si volvemos a coincidir.
—¡Claro!

Mario no cabía en su asombro y me preguntó por qué había ‘no hecho’ eso. Él sabía que yo estaba cerrado a conocer chicas, aunque si había quedado con él era para empezar a romper ese muro que me había creado. Pero aún era pronto para mí… O eso creía —por cierto, nunca más volvimos a coincidir.

En el camino de vuelta analizamos la situación y, a pesar de mi ‘mala actuación’, me dijo que tenía algo para mí. Al llegar a su casa me dio el primer bosquejo de lo que sería su primera obra: SEX CODE. Un tocho de más de 600 páginas imprimidas y encuadernadas por él. Nunca había sido un gran lector. De hecho no sé si había llegado a acabar algún libro ni siquiera en la escuela. Sorprendentemente este «boceto» lo devoré en poco más de una semana. La de cosas que me quedaron claras y la de cosas nuevas que desconocía por completo.

A la semana siguiente volvimos a vernos. Mario no se creía que me lo hubiera leído así que me sometió a examen. Al parecer quedó sorprendido y gratamente satisfecho.

—Vaya, hasta el momento nadie se ha dignado en leerlo y menos en una semana. Me dicen que estoy loco.
—¡¿Loco?! Eso es poco. Pero viva tu locura.

Fue entonces cuando decidí cambiar mi máxima «Evitando la ocasión se evita el peligro» por «Por ti que no quede».

Ahí comenzó todo… y, ahora, años después, aquí estamos. Con algunos cambios, batallando y lo que nos queda. 😛

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